Análisis Cultural Seminario Temático 2015

Un blog hecho entre todos los estudiantes del curso de 2015 de Dr. Timmer, LAS, Universidad de Leiden. Blogs de otros años: https://thematicseminarlatinamerica.wordpress.com, y https://culturalanalysisul.wordpress.com

Sangre en el ojo – Lina Meruane

Esta cuartmanosa novela de Lina Meruane, Sangre en el ojo, tiene como protagonista a Lina o Lucina Meruane. Lucina –el personaje-, además de llevar el mismo nombre que la autora, comparte con ella algunos otros datos biográficos: las dos son escritoras, las dos son chilenas, ambas viven en Nueva York. Sea o no una novela con elementos autobiográficos, el juego autoficcional de la novela junto con una compleja voz narrativa habilita el desarrollo de un relato íntimo que habla del sujeto, de su visión y de la dependencia de los demás.

La trama se concentra entonces en Lina. En una fiesta con amigos, a ella se le rompe una vena en el ojo, lo que hace que entre sangre en sus retinas. La sangre le impide la vista y a partir de ese momento Lina queda casi ciega. Es el mes que sigue a ese evento en el que ocurren la mayor parte de los hechos. Es un mes lleno de incertidumbre -su oculista no sabe a ciencia cierta si la puede ayudar- y un mes en el que Lina de un momento a otro tiene que lidiar con una enfermedad de la que posiblemente no se curará nunca más. Por recomendación de su oculista, Lina decide pasar el tiempo de la espera a la cirugía en Santiago de Chile con su familia; una familia de médicos que se empeña en ayudarla lo mejor que pueden y de intentar convencerla de operarse en Chile.

La problemática central de la novela de Meruane involucra entonces la nueva manera de estar en el mundo de una mujer que pierde en gran medida su independencia en la vida diaria. Vemos que Lina redefine sus relaciones con el tacto, consigo misma, con los cuerpos y personas que la rodean, y con su memoria. Quizás más que nada vemos que el mundo de Lina se interioriza más cada día. Se vuelve cada vez más ensimismada por el mundo interior en que se está perdiendo – muchas veces otros personajes le tienen que avisar que alguien le está hablando. La narración y la forma de la novela reflejan o intensifican exitosamente este tipo de experiencias de la protagonista y su ensimismamiento que va creciendo durante la historia. Lina es la única narradora y nunca delega la palabra. No hay ninguna ocasión en que aparece el estilo directo -cosa que interrumpiría su línea de pensamiento, cosa que nos haría salir un momento de la cabeza de Lina para ver otra perspectiva que la suya. Estos procedimientos crean una interioridad sin interrupciones que se ve reflejada hasta en la tipografía – por ejemplo en la falta de mayúsculas en los nombres de los capítulos. Tenemos pues a un monólogo interior y cerrado del cual el lector no puede salir nunca. En este sentido el lector es tan ciego, o al menos tan cautivo del mundo interior de Lina como ella misma.

Desde este mundo interior, Lina necesita alcanzar la mano de los suyos para poder sobrevivir en el mundo de afuera. La narradora Lina, desde dentro de su monólogo interior, se dirige más y más a un tú que refiere a Ignacio y que a lo largo de la historia se vuelve más presente en la narración como destinatario. Pero también la ceguera de Lina hace que de cierta manera, ella tenga que habitar los cuerpos de los demás –y el de Ignacio en específico. Para poder percibir el mundo sin sus propios ojos, su novio Ignacio y sus padres le tienen que prestar sus ojos, y en el caso de Ignacio le presta hasta todo el cuerpo. Cuando Ignacio la lleva al aeropuerto para su viaje a Santiago, Lina se da cuenta de lo enredado que está su cuerpo con el de su novio. Incluso se podría decir que el acercamiento continuo al otro casi llega a ser un apropiamiento. Al subir al avión Lina se dice a sí misma: «Ya no iba a tener sus brazos para guiarme, sus piernas para encaminarme, su voz para ponerme sobre alerta» (49). La dependencia de los ojos y cuerpos ajenos llega entonces a (con)fundir los cuerpos de Lina y Ignacio. Lina piensa ya «tener» el cuerpo de Ignacio. Hasta piensa tener sus ojos dentro de su cuerpo: «yo sentía sus ojos en los míos como caracoles impregnándome vivamente con su baba» (29).

Al mismo tiempo el texto sugiere que la dependencia del otro que es la consecuencia de la enfermedad es a veces mutua: Ignacio también es muy dependiente de Lina. Dice Ignacio que Lina es lo único que tiene, es todo lo que tiene. Y Lina confirme que «yo [Lina] me había convertido en tu único lugar» (169). También sucede que, para ubicarse en la ciudad de Santiago, una ciudad desconocida para Ignacio, él depende de la memoria de la vista de Lina. Dependiendo de la memoria visual de una ciudad que conoce como la palma de su mano, Lina puede prestarle sus ojos a Ignacio, que nunca ha estado ahí y que no sabe ubicarse sin ella.

Quizás es por esta dependencia, por esta confusión de cuerpos, que Lina piensa, en cierto sentido, ya «poseer» el cuerpo de Ignacio. Como el cuerpo de Ignacio y el suyo se acercan tanto, ella se atreve proponer a Ignacio su «prueba de amor»: Lina pide a Ignacio que le regale su propio ojo. Es en este penúltimo capítulo que culmina el proceso de apropiación o de habitar el cuerpo otro. Aquí Lina habita la mente de Ignacio, conversando con él mientras él, habiéndose huido del hospital, está solo en el parque. Si estuviera Ignacio dispuesto a cumplir con lo que le pide, Lina dice que eso: «Nos uniría para siempre, nos iba a hacer iguales, nos volvería espejos el uno del otro, para el resto de la vida y hasta de la muerte» (170). Pide entonces la anulación de la dependencia entre ellos, haciendo que los dos cuerpos, antes uno enfermo y uno sano, llegarían a ser mutilados los dos- llegarían a ser los dos iguales.

En síntesis, para abrirnos el mundo del sujeto enfermo, Sangre en el ojo hace uso de una estructura y una compleja voz narrativa que reflejan la intimidad y la dependencia mutua que según el relato conlleva la enfermedad. Meruane nos fascina con el estilo casual y personal en que retrata un sujeto que de un lado se pierde más y más en su mundo interior, que dirige la mirada hacia dentro, y que sobrevive con la ayuda de su memoria visual del mundo. De otro lado vemos que la protagonista busca refugio y apoyo en otros cuerpos que la rodean hasta llegar a habitar el cuerpo otro, considerándolo como propio.

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Esta entrada fue publicada en 8 abril, 2015 por .
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