Análisis Cultural Seminario Temático 2015

Un blog hecho entre todos los estudiantes del curso de 2015 de Dr. Timmer, LAS, Universidad de Leiden. Blogs de otros años: https://thematicseminarlatinamerica.wordpress.com, y https://culturalanalysisul.wordpress.com

Sangre en el ojo: ¿tienes vista, o lo eres? – Resumen de clase.

Sangre en el ojo: ¿tienes vista, o lo eres?
Resumen de clase

La clase del lunes pasado giraba alrededor el sujeto enfermo. Analizamos los diferentes ejes temáticos que se hallan en la novela Sangre en el ojo  (2012) de Lina Meruane. Diferentes palancas nos ayudaron a llevar a cabo el análisis: el artículo “Filosofía de la enfermedad: vulnerabilidad del sujeto” de Gonzalo Pérez Marc  para facilitar un mejor entendimiento de lo que significa ser ‘un sujeto enfermo’ (objeto o sujeto?), pero también conceptos ya conocidos de clases anteriores: la noción de persona de Giorgio Agamben, por ejemplo, nos sirvió para profundizar más la pregunta principal de la clase: ¿tienes vista, o lo eres?

En Sangre en el ojo la protagonista, llamada Lina o Lucina, narra la experiencia de sufrir una enfermedad que le provoca derrames en los ojos, lo cual le deja prácticamente ciega. La voz de Lina introduce al lector en su mundo:  un mundo interno que al mismo tiempo parece devorar el mundo real. Es en su país natal, Chile, donde se queda por un largo mes en la espera de la operación que, posiblemente, le devolverá la vista. La estancia en Chile hace que Lina vuelve a vivir momentos de su pasado, revive imágenes que a veces ya no son como eran. El resentimiento por su pasado, y también por su enfermedad, funciona como hilo conductor en la historia, como su relación con Ignacio también. Cuando resulta que la operación ha fallado y el médico le afirma a Lina se quedará ciega, ella le pide a Ignacio el sacrificio más grande: uno de sus ojos, para que los dos sean iguales, para que ella pueda ver otra vez…

El título de la novela hace alusión tanto a la enfermedad que padece la protagonista como al dicho “estar con / quedarse con sangre en el ojo”, definido por la Real Academia Española como “honra y valor para cumplir las obligaciones” o “resentimiento, deseo de venganza”[1]. Destaco el valor y la función metafórico del título, siguiendo la interpretación de lo que es una metáfora del estudioso Michel De Certeau a que alude Lina Meruane misma en su tesis doctoral “Viajes Virales”: allí la metáfora incluye “tanto la posibilidad del relato como del viaje” (2009: 4). Según Certeau los relatos pueden funcionar como metáfora en el sentido de que funcionan como “trayectorias especiales” que “atraviesan y organizan lugares” (Ibídem). Hemos visto que la idea de la metáfora como “trayectoria espacial” es aplicable a la novela en el sentido de que la historia une tanto dos lugares geográficos (Nueva York y Santiago de Chile) como dos dimensiones temporales, siendo el pasado (infancia) y el presente de la narradora.

El juego autoficcional que aplica Meruane cumple su función ya que provoca confusión entre estos lectores que disponen de más información sobre la vida ‘personal’ de la escritora: aparte de que la escritora y la narradora comparten el mismo nombre, se hallan más rasgos biográficos en la historia: los padres de Meruane (escritora) también son médicos, la directora de tesis llamada ‘Sylvina’ en la novela es en la realidad Sylvia Molloy, escritora y académica argentina. La narración en Sangre en el ojo tiene un estilo directo. Es solo la protagonista a quien le está delegado la palabra; narra la historia como un largo monólogo. Sin embargo, también transmite al lector los pensamientos y acciones de Ignacio: en este sentido Lina funciona como narradora omnisciente que se introduce en la mente de su pareja.

Se anuncia la posible respuesta a la pregunta principal de la clase (¿tienes vista o lo eres?) tomando un primer paso a la distinción entre korper y leib(sein): en el artículo “Filosofía de la enfermedad” el autor explica que entender un sujeto enfermo como mero recipiente de una causa patológica, que sería percibir el cuerpo enfermo como mero objeto que no está en conexión con la persona, provoca al sujeto enfermo sentimientos de ser “un extraño en su propio relato”. Pérez Marc aboga por una mayor comprensión de la vulnerabilidad del sujeto enfermo, que entonces implica entender al cuerpo como cuerpo sujeto.

La manera en que se (auto)percibe la narradora podríamos denominar sobre todo como negativo y como bipolar: parecen haber dos ‘Lina’: una Lina escritora, independiente y sana y una Lina ‘Lucina’: ciega, dependiente y lleno de resentimiento. Su cuerpo parece estar ausente la mayoría del tiempo: más que nada se basa en lo que no hay, en la carencia que es la ceguera. Siguiendo a los conceptos presentados por Pérez Marc me gustaría plantear que la protagonista experimenta su enfermedad como un intruso, como “intervención exterior” (135) que a la vez es carencia del propio cuerpo. Esta percepción es ambigua visto que los derrames que sufre son originados dentro del cuerpo; la carencia de vista es en realidad un exceso de venas, un exceso de sangre. El ensimismamiento experimentado por la narradora es lo que destaca cuando pensamos en la manera en que percibe su entorno. Su mundo se hace cada vez más pequeño: el comentario de Alejandra sobre la presencia de migas en toda la historia es el puente perfecto entre este ensimismamiento y la explicación de la metáfora como “trayectoria espacial” o “itinerario” entre los dos continentes y los dos dimensiones temporales. A pesar de que parece haber perdido ya toda la independencia, la narradora mantiene la necesidad de sentirse como si todavía lo estuviera. Las pruebas de amor que inventa para Ignacio pero sobre todo el querer ser reconocida como ‘igual’ crea una situación que yo en primera instancia denominaba como ‘dependencia conflictiva’. Sin embargo, siguiendo los comentarios de Elfi Beijering y de Nanne Timmer respectivamente podemos sostener que en cambio de una dependencia más bien trata de una apropiación del (cuerpo del) otro. La escena en que Lina chupa el ojo de Ignacio cuando él está durmiendo y la exigencia de este mismo ojo lleva a un clímax de dicha apropiación. Pensando desde ‘el querer apropiarse de un cuerpo’ y el ensimismamiento que vive la narradora tienen más sentido las observaciones en cuanto la dependencia. A pesar de que la narradora es dependiente de los sentidos de su pareja, la disposición de su médico de operarle y del seguro de pagarle la operación, ella consigue manejarlo de tal manera de que parece que ‘gana’, consigue apropiarse todo, devorar el mundo para incluirlo todo en su mundo ensimismado. Propuse no analizar el libro enfocando únicamente en trauma y memoria. Sin embargo, resulta imprescindible destacar los diferentes lazos que establece Meruane entre la ceguera de la protagonista y el pasado traumático de Chile. La enfermedad, es decir la ceguera, sirve, en este caso, como metáfora para expresar el ‘no querer ver’ o ‘no poder ver’. Sin embargo, al mismo tiempo esta misma ceguera establece una conexión entre pasado y presente que hace que la protagonista se acuerda de imágenes (de una manera muy viva) que ya no son (Nanne Timmer dio como ejemplo la escena en que Lina está en el coche con su hermano, recordando los edificios todavía con huellas de las balas que según su hermano ya no están allí). La conexión cuerpo y memoria se halla pues en el hecho de que una carencia física (el ‘ya no ver’) funciona como metáfora para el (no-)olvido de un pasado traumático. Para cerrar volvemos a la pregunta principal de la clase: ¿tienes vista, o lo eres? La manera en que tanto la narradora como también su entorno (pareja, familia) perciben el cuerpo del sujeto enfermo es ambiguo. Es una amalgama entre korper (cuerpo objeto) y leib(sein) (cuerpo sujeto, ser un cuerpo). Por un lado vemos que el cuerpo está concebido como mero objeto, algo que no está en conexión con la persona que lo habite: Lina describe su cuerpo como ‘desobediente’ (2013: 53) y en las conversaciones con el médico aludan a los ojos como ‘órgano enfermo reemplazable’ (2013: 30). Por otro, destacamos que la narradora es su cuerpo en tanto que la pérdida de vista le afecta de tal forma que le cambia su persona, se ve obligado de cambiar de máscara: ya no es Lina la escritora, sino Lucina, la que tiene el cuerpo desobediente, ella con esta carencia percibida como intervención exterior pero que en realidad es parte de ella: de su cuerpo y persona en su ser. Bibliografía:

Agamben, Giorgio. Nudities. Stanford: Stanford University Press, 2011. Print. Pérez Marc, Gonzalo. “Filosofía de la enfermedad: vulnerabilidad del sujeto enfermo”. Archivos Argentinos de Pediatría 108.5 (2010): 434- 437. Print. Sánchez, Mariela. “Manuel Alberca, el pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la autoficción, Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, 329 pp”. Olivar 10.13 (2009): 261 – 265. Print.

[1] http://www.rae.es

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Esta entrada fue publicada en 17 abril, 2015 por .
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