Análisis Cultural Seminario Temático 2015

Un blog hecho entre todos los estudiantes del curso de 2015 de Dr. Timmer, LAS, Universidad de Leiden. Blogs de otros años: https://thematicseminarlatinamerica.wordpress.com, y https://culturalanalysisul.wordpress.com

¿Tienes vista, o lo eres?: pensar el sujeto enfermo en ‘Sangre en el ojo’ de Lina Meruane. Arta van der Vorst.

Hacer distinción entre ‘tener’ o ‘ser’ vista – o más general, entre ‘tener’ o ‘ser’ cuerpo – y luego cuestionar dicha distinción es útil para acercarse a un mejor entendimiento de lo que significa ser ‘un sujeto enfermo’ y la manera en que el o ella percibe su alrededor, su manera de estar en el mundo.
En Sangre en el ojo se presenta una protagonista, llamada Lucina y / o Lina, que narra la experiencia de sufrir una enfermedad que le provoca derrames en los ojos, lo cual le deja prácticamente ciega. La voz de Lina introduce al lector en su mundo: un mundo interno que al mismo tiempo parece devorar el mundo real. Es en su país natal, Chile, donde se queda por un largo mes en la espera de la operación que, posiblemente, le devolverá la vista. La estancia en Chile hace que Lina vuelve a vivir momentos de su pasado, revive imágenes que a veces ya no son como eran. El resentimiento por su pasado, y también por su enfermedad, funciona como hilo conductor en la historia, como su relación con Ignacio también. Cuando resulta que la operación ha fallado y el médico le afirma a Lina se quedará ciega, ella le pide a Ignacio el sacrificio más grande: uno de sus ojos, para que los dos sean iguales, para que ella pueda ver otra vez. El juego autoficcional que aplica Meruane cumple su función ya que provoca confusión entre estos lectores que disponen de más información sobre la vida ‘personal’ de la escritora: aparte de que la escritora y la narradora (por parte) comparten el mismo nombre, se hallan más rasgos biográficos en la historia: los padres de Meruane (escritora) también son médicos, la directora de tesis llamada ‘Sylvina’ en la novela es en la realidad Sylvia Molloy, escritora y académica argentina. El final de la historia, en cambio, tiene más bien rasgos de una novela de terror. Esto provoca cierta confusion, y al mismo tiempo da enfasis en lo ficcional de la autoficción.

METÁFORA

El título de la novela hace alusión tanto a la enfermedad que padece la protagonista como al dicho “estar con / quedarse con sangre en el ojo”, definido por la Real Academia Española como “honra y valor para cumplir las obligaciones” o “resentimiento, deseo de venganza”. Primero propongo destacar el valor y la función metafórico del título siguiendo la interpretación de lo que es una metáfora del estudioso Michel De Certeau a que alude Lina Meruane misma en su tesis doctoral Viajes Virales:

Ya en su origen griego, metastás (‘más allá’ o ‘después de’) y phorein (‘pasar’, ‘llevar’) la palabra metáfora contiene la idea de movilidad. Michel De Certeau ha sugerido que ‘metáfora’ de hecho reúne, en el presente, tanto la posibilidad del relato como del viaje: “En la Atenas moderna, los vehículos de transporte público son llamados metaphorai. Para ir a trabajar o regresar a casa uno se toma una ‘metáfora‘ –un bus o un tren. Los relatos [stories] podrían también tomar este noble nombre: ellos atraviesan y organizan lugares, los seleccionan y los unen; ellos crean oraciones e itinerarios. Ellos son trayectorias espaciales (1988: 115)” (2009, 12)

La metáfora, pues, incluye “tanto la posibilidad del relato como del viaje” (2009: 4). Según Certeau los relatos pueden funcionar como metáfora en el sentido de que funcionan como “trayectorias especiales” que “atraviesan y organizan lugares” (Ibídem). La idea de la metáfora como “trayectoria espacial” es aplicable a la novela en el sentido de que la historia une tanto dos lugares geográficos (Nueva York y Santiago de Chile) como dos dimensiones temporales, siendo el pasado (infancia) y el presente de la narradora. Aparte de los lugares geograficos y dimensiones temporales se puede establecer un lazo entre los nombres y la metáfora1. Si pensamos que “todo nombre es rumbo” da énfasis a los puentes entre presente y pasado: ‘Lucina’ es el presente, narradora, enferma, la que devora el mundo e intenta incluirlo todo en su mundo ensimimado. Lina, utilizado por Lucina como nombre de autora, refiere a un pasado en que todavía no era este ‘sujeto enfermo’ sino sana e independiente. Los nombres recorren entonces otro itinerario, otro trayecto que afirma su función como puente entre pasado y presente, Santiago de Chile y Nueva York.

Es imprescindible resaltar los diferentes lazos que establece Meruane entre la ceguera de la protagonista y el pasado traumatico del Chile. La enfermedad, es decir, la ceguera, sirve en este caso como metafora para expresar el ‘no querer ver’ o ‘no poder ver’. Sin embargo, al mismo tiempo esta misma ceguera establece una conexión entre pasado y presente que evoca en la protagonista que se acuerda de imagenes (de una manera muy viva) que ya no son. La conexión cuerpo y memoria se halla pues en el hecho de que una carencia fisica (el ‘ya no ver’) funciona como metafora para el (no-)olvido de un pasado traumatico. El siguiente fragmento desvela de manera el no querer, o no poder ver

“Antes de iniciar el recorrido y agarrar velocidad, pude espiar con los ojos de la memoria, los ojos de la mente que componen después el recuerdo, por el espejo retrovisor. Felix miraba para atras, yo tenía los ojos fijamente perdidos hacia adelante […] ¿te ubicas donde estamos? Yo simplemente asentía ante el formato panorámico en que mi pasado santiaguino iba transcurriendo dentro de mí. El auto surco la ciudad como un bolido hasta que llegamos al palacio de La Moneda que se me figuró blanco, inmaculado, previo al estallido de las bombas y a los helicópteros militares sobrevolándonos, y en medio de la imaginada ofensiva con la banda sonora del dictador anunciando su nefasta victoria se coló la voz viva, gutural y articulada de mi hermano Felix […]
Felix, dije yo, interrumpiéndolo, ¿y los hoyos? […] Tengo el pasado amontonado en los ojos, le dije. Y le dije también que estaba pensando en las esquirlas del golpe, tantas esquirlas carcomiendo el hormigón con su ácido. Y pensé también, pero esto ya no se lo dije, que esos muros lo habían presenciado todo pero estaban ahora vendados por una gruesa capa de hollín que se desprendía, apenas, cada muchos años, durante los terremotos” (69 – 71)

La (in)visibilidad del pasado traumático, su huella que sigue presente pero cubierta de hollín se afirma en este fragmento donde Lucina va en auto con su hermano para paseo por Santiago. A pesar de su ceguera, Lucina espia “con los ojos de la memoria”: tiene “el pasado amontonado en los ojos”. Es interesante que la enfermedad que padece la narradora le obliga mirar hacia atrás y efectivamente ver el pasado, a pesar de insistir en que tiene “los ojos fijamente perdidos hacia adelante” y que es su hermano que mira para atrás. Se forma aquí una sugestiva contradicción que justamente afirma el “no poder” o “no querer” ver y el papel que juega la enfermedad (la ceguera) como metáfora en esto. La metáfora es omnipresente en diferentes capas, niveles, de la historia. Es la metáfora que origina una amalgama de todos los temas presentes en la novela dando énfasis al movimiento tanto temporal como geográfico, y a la enfermedad como metáfora ‘doble’ que representa al mismo tiempo el no querer ver y el no poder escapar de imágenes pasadas.

DEPENDER / APROPIAR / DEVORAR

A pesar de que parece haber perdido ya toda la independencia, la narradora mantiene la necesidad de sentirse como si todavía lo estuviera. Las pruebas de amor que inventa para Ignacio pero sobre todo el querer ser reconocida como ‘igual’ crea una situación que yo en primera instancia denominaba como ‘dependencia conflictiva’. Sin embargo, como también sostiene Beijering en un apartado de este mismo blog, podemos sostener que no sólo se trata de una dependencia, sino que también se presenta una apropiación del (cuerpo del) otro. La escena en que la narradora chupa el ojo de un Ignacio durmiendo (deseo que ya anunció antes, a que Ignacio se resiste, y la exigencia de este mismo ojo lleva a un clímax de dicha apropiación:

“Cubrí tu cabeza tan tuya con la manta y cubrí también la mía. Ignacio, susurré y te soplé la cara y luego subiendo la voz repetí tu nombre y te apreté el brazo. Pero tu no respondías, tenias la voluntad
narcotizada, estabas como muerto pero eras un muerto completamente mío. Recosté tu cabeza sobre mi hombro y contravine la única prohibición que me habías impuesto. Rigiéndome por un protocolo que yo
misma estaba improvisando, pasé los dedos con quietud a avaricia por tu párpados dormidos, sintiendo en la yemas el roce suave de las pestañas, sintiendo que tu piel se abría y me permitía tocar la córnea
húmeda, gomosa, exquisita, y entonces mis dedos ávidos se encendieron, se encendieron pero esto tu no lo sabes, no puedo contarte que ya no pude detenerme. Te separé los párpados y pasé la punta de mi
lengua por ese borde desnudo que sentía como mi propia desnudez, y pronto lo estaba lamiendo entero, te estaba chupando entero el ojo con suavidad, con los labi
os, con los dientes, haciéndolo mío de un modo
delicado, íntimo y secreto pero también apasionado, tu ojo
Ignacio, hasta que las azafatas vinieron por el pasillo imponiéndonos el desayuno y pense que despertarías” (114)

Lucina, entonces, literalmente devora el cuerpo del otro, de Ignacio. Se apropia de él por su deseo de por un lado tener a alguién igual que ella, y por otro de recuperar la vista. Es por eso que cuando pensamos desde este ‘querer apropiarse de un cuerpo’ tienen más sentido las observaciones en cuanto la dependencia mutua y conflictiva de la pareja: para Lucina, los brazos de Ignacios son suyos, como sus piernas tambien y por supuesto, sus ojos (“[…] sus brazos para guiarme, sus piernas para encaminarme, su voz para ponerme sobre alerta” (49)).
La apropiación del cuerpo otro (y de todo lo que le rodea) por parte de la narradora se manifiesta claramente en el estilo de narrar. Es solo la protagonista a quien le está delegado la palabra; narra la historia como un largo monólogo. Sin embargo, también transmite al lector los pensamientos y acciones de Ignacio: en este sentido Lucina funciona como narradora omnisciente que se introduce e incorpora en la mente de su pareja. Los apartados dirigidos a Ignacio están puestos entre paréntesis, lo cual afirma la devoración, el incluir todo en ella, en Lucina. Como también lo afirma Beijering en el apartado del blog que ya mencioné antes: tenemos pues a un monólogo interior y cerrado del cual el lector no puede salir nunca. En este sentido el lector es tan ciego, o al menos tan cautivo del mundo interior de Lina como ella misma”.

Otro rasgo es el ensimismamiento experimentado por la narradora que destaca cuando pensamos en la manera en que percibe su entorno. Su mundo se hace cada vez más pequeño y los límites entre ella y los otros cada vez indefinidas: la presencia de migas en toda la historia es el puente perfecto entre este ensimismamiento y la explicación de la metáfora como “trayectoria espacial” o “itinerario” entre los dos continentes y los dos dimensiones temporales2. A pesar de que la narradora es dependiente de los sentidos de su pareja, la disposición de su médico de operarle y del seguro de pagarle la operación, ella consigue manejarlo de tal manera de que parece que ‘gana’, consigue apropiarse todo, devorar el mundo para incluirlo todo en su mundo ensimismado.

KORPERHABEN y LEIBSEIN o TIENES VISTA, O LO ERES?

Para llegar a profundizar la pregunta si ‘se tiene’ o ‘se es’ vista nos es útil primero deternos en el artículo “Filosofía de la enfermedad: vulnerabilidad del sujeto enfermo” de Gonzalo Perez Marc. El autor explica que entender un sujeto enfermo como mero recipiente de una causa patológica, que sería percibir el cuerpo enfermo como mero objeto que no está en conexión con la persona, provoca al sujeto enfermo sentimientos de ser “un extraño en su propio relato”. Pérez Marc aboga por una mayor comprensión de la vulnerabilidad del sujeto enfermo, que entonces implica entender al cuerpo como cuerpo sujeto. Hace entonces una distinción entre el carácter objetivo y el carácter subjetivo de la enfermedad. En el primero, “el paciente es el portador de cierta patología psicológica u orgánica que debe ser objetivada mediante diferentes estudios y análisis requeridos por el médico” (134). El carácter subjetivo, en cambio, destaca que:

[…] la percepción de ese fallo (o carencia, o defecto) es del todo subjetiva. No sólo el dolor o la angustia son experiencias que el enfermo asimilará y expresará de manera absolutamente
personal, sino que también deberá asumir el rol que su propia sociedad (que incluye al médico tratante) le asignará en su carácter de “persona enferma”. Es este carácter
subjetivo –de
sarrollado y sostenido en mayor medida por la sociedad en su conjunto- el responsable directo de la construcción de una metáfora de la enfermedad que influirá sustancialmente en su evolución (134)

Pérez Marc resalta la responsabilidad de la sociedad por la manera en que el sujeto enfermo asume su papel, su identidad como ‘enfermo’. A pesar de que este rol de la sociedad es sumamente importante e interesante, en este analisis el enfoque está en el sujeto mismo para poder dar enfasis al ensimismamiento de la narradora. De mayor importancia son las representaciones de la enfermedad según Francois Laplantine, presentados por Marc. Enumera diferentes, de las cuales me gustaría destacar “la enfermedad como intervención exterior o extrañeza del sujeto – en oposición a la concepción de la enfermedad con origen en el propio individuo” y la enfermedad “como carencia (sustractivo)” (135). A esto me gustaría añadir la observación del autor de sobre el “modelo biofísico de la enfermedad: considerar a la enfermedad como ‘un problema’ que afecta sólo al cuerpo que lo padece. Cuerpo y no persona: el sujeto como recipiento de una causa patológica […]” (138).
Con esta información volvemos a la novela: la manera en que se (auto)percibe la narradora podríamos denominar sobre todo como negativo y como bipolar: parecen haber dos: una Lina escritora, independiente y sana y una Lucina: ciega, dependiente y lleno de resentimiento. Su cuerpo parece estar ausente la mayoría del tiempo: más que nada se basa en lo que no hay, en la carencia que es la ceguera. Siguiendo a los conceptos presentados por Pérez Marc me gustaría plantear que la protagonista experimenta su enfermedad como un intruso, como “intervención exterior” (135) que a la vez es carencia del propio cuerpo. Esta percepción es ambigua visto que los derrames que sufre son originados dentro del cuerpo; la carencia de vista es en realidad un exceso de venas, un exceso de sangre.

Volvemos a la pregunta central: ¿tienes vista, o lo eres?. O, eres cuerpo, o lo tienes? La distinción entre Korperhaben y Leibsein fue introducida – al menos en circulos academicos occidentales (o norte europeos) por Helmuth Plessner, en colaboracion con el estudioso holandés Frederick Jacob Buytendijk en 1925 (Kruger 256): “Plessner (from 1925 on) methodologically connects the lived body (Leib) in contradistinction to the body (korper)” (261). Es decir, Plessner primero enfatiza el contraste entre Leib y Korper para por siguiente destacar su (automática) amalgama:

First, for Plessner and still today, the systematically decisive question concerning the Korper/Leib distinction is: From whom and to whom is this distinction to be made? Plessner’s answer was clear: the
distinction is
performed by living persons and for living persons. […] The distinction, in Plessner’s view, only makes sense for persons who occupy a place in life, not those above it (like angelic or divine
entities) or those below it (the molecular and purely instinctual). Indeed, persons who stand within life
stand precisely within this differentiation, which is why their lives are constantly posing a task for them.
This difference thus has the structure of a question. And this interrogativity inhabits and informs not just any behavioral formation but the specifically personal mode of behavior” (259)

La distinción entre Korper y Leib, asi afirma Kruger, al parecer de Plessner sólo vale para ellos que ocupen un lugar en la vida. Está performado por seres humanos vivos (no incluye entonces el cadáver como ‘korper’?). Para los que están fuera de esta vida – trazamos paralelo con el concepto ‘Bios’ de Agamben – es imposible llegar a una amalgama entre Korper y Leib: “[t]o stand within the differentiation” (259) y entonces jugar con o encontrar el equilibrio. Las ‘identidades divinas’ o los ‘purely instinctual’ se ven pues excluídos de esta posibilidad, de esta amalgama y se agrupan – siguiendo el pensamiento de Agamben – en lo que es Zoe: bare life”, exclusion de la polis, ser mero cuerpo. Se afirma entonces la pérdida de ‘persona’ en el Zoe, para los que son (o tienen?) mero cuerpo ya que Kruger afirma que las tres categorías Korper, Leib, y ‘persona’ no significan tres entidades distintas en sentido óntico: “we are rather faced here with a distinction between various modes in which a person’s life is led” (260). Kruger deja algún hoyo, o vaguedad, respecto a si ellos que no “stand within life” (entidades divinos, los puramente “instinctual”) siguen siendo ‘persona’. Me parece útil aqui aclarar esta pequeña laguna con la ayuda del pensamiento de Agamben. Si pensamos que el estar / ser excluido de ‘stand within life’ (en lenguaje ‘agambiano’ sería estar excluido de ocupar un lugar en el Bios) significa un desplazamiento hacia afuera del Bios, esto mismo puede implicar la pérdida de persona. Para poder llegar a una amalgama Korper / Leib (y entonces para poder distinguirlos) es en primer lugar imprescindible de ser persona. Es importante enfatizar que no se trata (aquí) del antiguo dualismo cuerpo / mente como propuesto por Descartes, sino que mas bien pensamos desde un cuerpo objeto y un cuerpo sujeto y su amalgama.

Volviendo a Sangre en el ojo, la pregunta no es tanto cuál de las dos ‘entidades’ es la narradora – Korper o Leib sino como se manifiestan las dos en la novela, poniéndolo en relación con ‘el ser / estar enfermo’. La manera en que tanto la narradora como también su entorno (pareja, familia) perciben el cuerpo del sujeto enfermo es – más que nada – ambiguo. Es una amalgama entre korper y leib. Por un lado vemos que el cuerpo está concebido como mero objeto, algo que no está en conexión con la persona que lo habite: Lucina describe su cuerpo como ‘desobediente’ (2013: 53) y en las conversaciones con el médico aludan a los ojos como ‘órgano enfermo reemplazable’ (2013: 30). Por otro, destacamos que la narradora es su cuerpo en tanto que la pérdida de vista le afecta de tal forma que le cambia su persona, se ve obligado de cambiar de máscara: ya no es Lina la escritora, sino Lucina, la que tiene el cuerpo desobediente, ella con esta carencia percibida como intervención exterior pero que en realidad es parte de ella: de su cuerpo y persona en su ser.


1Agradezco la sugerencia de Lina Meruane de elaborar mas “para donde nos llevan los nombres”, pensando desde la idea / cita de que “todo nombre es rumbo” de la cronista Hebe Uhart.

2La presencia de las migas en la historia es una muy interesante observacion que hizo Alejandra Szir durante el curso.

Bibliografía.

Kruger, Hans Peter. “Persons and Their Bodies: The Korper/Leib Distinction and Helmuth Plessner’s Theories of Ex-centric Positionality and Homo absconditusJournal of Speculative Philosophy 24.3 (2010): 256 – 274. Print.

Meruane, Lina. Sangre en el ojo. San José: Lanzallamas, 2013. Print.

—. Viajes Virales: La Crisis del Contagio Global en el Corpus Seropositivo Latinoamericano (1986 – 2006). Diss. University of New York, New York, 2009. Print.

Pérez Marc, Gonzalo. “Filosofía de la enfermedad: vulnerabilidad del sujeto enfermo”. Archivos Argentinos de Pediatria 108.5 (2010): 434 – 437. Print.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 31 mayo, 2015 por .
A %d blogueros les gusta esto: